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Laureen Goletto
Sus artículosAccueil » ¿Volverán los cruceros? Encuesta en 3 ciudades portuarias de la red AIVP
Artículo de opinión escrito por Francesca Morucci, Head of Public Relations Office, Autoridad del sistema portuario del Mar Tirreno (Italia) y José M. P. Sanchez, Responsable de proyectos internacionales, AIVP, con las contribuciones de Jamil Ouazzani, Director del marketing y de la inteligencia estratégica, Puerto de Tanger Ciudad (Marruecos), y de Laurence Bouchardie, Jefe del departamento marketing - directora de los cruceros, Puerto de Burdeos Atlantico (Francia). Burdeos (Francia), Puertos del Mar Tirreno del Norte (Italia) y Tánger (Marruecos): ciudades y puertos de 3 países ante la reanudación de los cruceros La salud ha sido, indiscutiblemente, el principal tema del año 2020. Además, el terrible accidente ocurrido hace aproximadamente un mes en Beirut volvió a suscitar inquietudes en torno a la compatibilidad entre las actividades del puerto y la urbe, y sobre la salud y la calidad de vida de los ciudadanos que viven en las cercanías de los puertos activos. Este marco general confirma la decisión de la AIVP de incluir un objetivo, el número 9, en la Agenda de la AIVP para 2030, dedicado a la salud y a la calidad de vida de los habitantes de las ciudades portuarias. Es posible que cuando “éramos felices e ignorantes”, como reza el dicho, hayamos simplificado demasiado las principales inquietudes que se incluyen en el Objetivo 9 de la Agenda. Los objetivos secundarios que consideramos se centran en su mayor parte en las externalidades medioambientales de la actividad portuaria en el entorno urbano. Fuimos enfáticos en poner de relieve asuntos tales como la vigilancia medioambiental y la transparencia, la calidad del agua, las instalaciones ecológicas, el impacto de los cruceros y la necesidad de dar prioridad a los buques no contaminantes y a la navegación lenta. Sin embargo, estos son aspectos cruciales en la relación entre la ciudad y el puerto, y luego de la pandemia necesitarán de un debate más serio a fin de que podamos aprender de los expertos, y entre nosotros, sobre las mejores soluciones para las distintas ciudades portuarias. Es por este motivo que decidimos dedicar el primer mes de nuestro programa del otoño al objetivo 9 de la Agenda de la AIVP para 2030. Salud y calidad de vida: una prioridad para la AIVP desde 2018 En junio de 2020 llevamos a cabo los conversatorios de la AIVP, una serie de tres seminarios web donde se debatieron asuntos cruciales para los miembros de la AIVP y para los puertos y las ciudades. En una de ellas, que se centró en la presencia de los cruceros en las ciudades portuarias, se reunió la experiencia y conocimientos de actores provenientes de Chile, Francia, Italia, y Marruecos, que participan directamente en el sector. En dicha sesión, los expositores presentaron interesantes iniciativas que pueden servir de inspiración para los actores de ciudades portuarias de otras regiones. Por otro lado, se volvió a tocar el tema de que la presencia de cruceros en las ciudades portuarias se vincula a asuntos medioambientales bastante más complejos, tales como las emisiones de gases de efecto invernadero y fenómenos socioeconómicos como el turismo masivo. Desde junio pasado, durante este poco habitual período veraniego del hemisferio norte, la tradicional temporada alta para el turismo se vio gravemente afectada en muchas regiones, lo que incluyó a los cruceros. El punto de partida no es si “deseamos o no” que haya cruceros, sino de qué manera estos pueden cambiar a fin de afrontar este reto de colaborar con las ciudades y promover un turismo más respetuoso con la economía, las personas y el medioambiente. La idea clave que surge es que es necesario hacer que los cruceros sean, en general, más sostenibles tanto en lo económico, como lo social y lo medioambiental. No se trata de una conclusión que sorprenda, en realidad se trató más bien de nuestro punto de partida. Sin embargo, al parecer, el mensaje todavía no ha llegado a muchas de las correspondientes partes interesadas con capacidad de tomar decisiones en esa industria, y se requiere profundizar el debate. Italia, Marruecos, Francia: a cada país su propia solución- la análisis de la AIVP En el presente artículo, hablaremos sobre el regreso de los cruceros y sobre la oportunidad que esto representa para replantearse el sector y hacerlo más sostenible. Observaremos la situación en tres contextos: El de Burdeos, el de los puertos de la red del norte del mar Tirreno (Livorno, Piombino y Portoferraio), y el de Tánger. Intentaremos dar respuesta a las preguntas aquí planteadas con ejemplos de estas tres regiones portuarias y los problemas que siguen sin resolverse, solicitando más cooperación y análisis. La relación cruceros/ciudad/territorio antes de la pandemia Antes de la pandemia de la COVID-19, el tráfico de cruceros ya se encontraba en el epicentro de un gran número de controversias relacionadas con los desafíos de su desarrollo, especialmente en algunas ciudades portuarias en Europa, donde los actores locales han criticado las repercusiones tanto económicas, medioambientales y sociales. El "viejo" y el "nuevo" mundo del turismo de masas Las acomodaciones realizadas para la recepción de cruceros son cada vez más discutidas; las externalidades medioambientales son aún más criticadas, ya que se duda cada vez más acerca de los beneficios económicos recibidos por el territorio; la puesta en marcha de distintos procesos relacionados con la actividad de cruceros es a veces considerada excesiva. Basta con pensar en la seguridad relacionada con la recepción de mega embarcaciones, que requiere una cadena logística compleja, que no siempre se encuentra al alcance de las comunidades locales. Al lado de los representantes del “viejo mundo” del crucero, sobre todo en Europa, para quienes la suma de inconvenientes de la actividad de cruceros que drena cada año a sus muelles y sus ciudades algunos millones de pasajeros de cruceros se vuelve un peso real, están las ciudades portuarias del “nuevo mundo”, especialmente el tropical, en el cual están incluidas un gran número de islas, para quienes el crecimiento de la actividad de cruceros es aún visto como un motor generador de empleos, y los inconvenientes no aparecen aún como mayores ni se traducen por deseconomías de escala. El desafío del exceso de turismo: los ejemplos de Venecia, Barcelona o Lisboa Las externalidades medioambientales y sociales, cada vez más evidentes en todo el mundo, al igual que las dudas en cuanto a las ventajas económicas, se encuentran hoy bajo la lupa del público en general, y han sido comentadas en reiteradas ocasiones por parte de distintas organizaciones. Grupos ecologistas tales como la Unión para la Conservación de la Naturaleza y la Biodiversidad (NABU) o Transport and Environment (Transporte y medioambiente), publican periódicamente informes que señalan a esta industria a causa de la contaminación que generan sus enormes buques tanto en tierra como en alta mar. Sin embargo, durante los últimos años también hemos sido testigos de que los principales participantes del sector están implementando nuevas tecnologías para disminuir este impacto, con inversiones en nuevos buques que cumplen con la nueva normativa y que benefician progresivamente del suministro eléctrico desde tierra y a partir de fuentes sostenibles. Es crucial que los esfuerzos por disminuir las externalidades medioambientales se mantengan durante la recuperación pospandemia, pese a la crisis económica que se prevé. En términos sociales, los cruceros se han convertido en el símbolo del turismo masivo, aun cuando no son la única causa. Si se comparan las cifras de visitantes a las principales ciudades que albergan puertos de cruceros, podemos ver fácilmente que la mayor parte de los turistas ingresan a través de aeropuertos. Sin embargo, la naturaleza extractiva del turismo de cruceros y el tipo de visitas, que se basa en su mayor parte en grandes grupos, centra el impacto en zonas urbanas que ya son frágiles. Los grupos locales se organizan cada vez más para protestar contra la industria del turismo, lo que incluye el turismo de cruceros. En los periódicos pueden verse protestas en algunos destinos históricos para los cruceros, tales como Venecia o Barcelona, o en destinos emergentes como el de Lisboa. Las fórmulas "Todo incluido", una trampa que favorece a las mega-naves sobredimensionadas ? En lo económico, también ha aumentado el debate en torno a las ventajas de los cruceros en las ciudades anfitrionas. Si bien en algunos puertos de base las ganancias se asocian al gasto de los turistas en vuelos y hoteles durante las noches anteriores o posteriores a la llegada o la salida de cruceros, esto resulta más dudoso para los puertos de tránsito. Además, con los paquetes “todo incluido”, que son una parte esencial del marketing de los cruceros, las embarcaciones de crucero se convierten en verdaderos destinos por sí mismos. Los principales motores económicos de las embarcaciones son efectivamente su capacidad y los equipos adicionales a bordo, especialmente en el ámbito de las distracciones, que generan nuevos ingresos para los propietarios, y a su vez reducen el dinero disponible para el consumo de los pasajeros en los destinos turísticos. Además, estas grandes embarcaciones, debido a su preocupación por la rentabilidad de la oferta a bordo, pasan poco tiempo en las ciudades portuarias, reduciendo así el potencial de consumo de los pasajeros en la ciudad portuaria. Estas escalas cortas provocan además peaks de tráfico para los vehículos y peatones, mientras que la capacidad de acogida de los lugares y de las atracciones turísticas es, efectivamente, limitada, lo que conlleva la frustración de un número considerable de pasajeros de los cruceros. Antes de la crisis : ampliación del campo de los cruceros La situación en la cual se encontraba el sector antes de la COVID era por lo tanto doble. Aunque los casos en los que existe tensión social en torno a los cruceros concitan gran atención por parte de los medios, hay muchas otras ciudades portuarias que compiten para atraer a los pasajeros en tránsito o para convertirse en puerto de base. Esto demuestra que, aunque en algunos casos las externalidades negativas apuntan al rechazo social de los cruceros, en otros casos en las mismas rutas o países siguen deseándose sus resultados positivos y considerándose que vale la pena invertir en infraestructura o en campañas de marketing. Aún más, en las mismas ciudades donde se desencadenan protestas ciudadanas contra la presencia de cruceros, los actores económicos y las instituciones públicas abogan por la presencia de cruceros debido a su impacto económico y la generación de empleo que se les asocia. Esta dualidad se evidencia también en el enfoque con respecto a las externalidades negativas. Por un lado, en las ciudades portuarias con intensa actividad de cruceros, es necesario que los participantes locales coordinen sus acciones, lo que incluye también a la industria, con el fin de reducir los efectos adversos y recuperar un cierto equilibrio. En algunos casos esto podría implicar la imposición de duras limitaciones a las cifras de pasajeros y cruceros. Por otro lado, es necesario que las ciudades portuarias que son "recién llegadas" al sector de los cruceros aprendan a partir de los casos de ciudades más antiguas y desarrollen planes para darle estructura al potencial de crecimiento y responder a las externalidades negativas. Este proceso se ve agravado por la mano de hierro que aplican las empresas navieras a los puertos: pueden presionar a los puertos para obtener descuentos en las tasas, inversiones y servicios adicionales, amenazándolos con la sanción máxima de no volver a realizar escalas en el puerto. Es una amenaza real que podría traducirse en pérdidas súbitas y masivas de carga para los puertos, dado que las navieras operan en alianzas que comparten buques. En el Mar Tirreno, ciudadanos muy atentos Un ejemplo de la situación descrita anteriormente puede ser encontrado en los puertos del Mar Tirreno. En Livorno, donde la actividad de cruceros existe desde los años 2000, los actores locales han comenzado a tener que enfrentar las críticas de la sociedad civil, que nota más las externalidades negativas que los beneficios económicos en la ciudad y el territorio. Al ser la puerta de entrada de las ciudades artísticas de la Toscana, Livorno es visitada por los pasajeros de los cruceros sólo de forma minoritaria, generalmente al regreso de las visitas oficiales organizadas por el operador. Son especialmente las tripulaciones quienes visitan la ciudad y consumen en la escala realizada en el puerto, pero no basta para significar un impacto importante en la economía, a pesar de que presenta varias ventajas. Sin embargo, Piombino es una ciudad que (¿aún?) no conoce este crecimiento del tráfico que los actores locales han empezado a observar con interés. Los cruceros podrían representar, después de la pandemia, una oportunidad mayor para los puertos más pequeños, que, debido a la menor popularidad de su territorio, pueden favorecer más aún un turismo sostenible y por lo tanto pueden convertirse en sinónimos de autenticidad. Otra polémica relativamente nueva se ha asociado a la construcción de terminales de cruceros. Estas instalaciones son con frecuencia una infraestructura “imprescindible” para negociar con las líneas de cruceros que se convierten en puerto de base, y, por consiguiente, potencian al máximo el impacto positivo. Aun cuando las terminales pueden convertirse en enlace para la interacción entre la ciudad y el puerto, su ubicación puede generar algo de controversia. Por un lado, una terminal de cruceros cerca del centro de la ciudad puede ofrecer ventajas medioambientales, ya que los pasajeros pueden desembarcar cerca de las principales atracciones sin necesitar de otros transportes contaminantes. Por otro lado, la actividad de los cruceros en una ubicación central implica la expulsión de gases contaminantes sobre zonas pobladas, lo que aumenta el problema medioambiental. Además, una ubicación central puede motivar al turismo a visitar zonas populares en lugar de explorar nuevas opciones. El dilema que muchos gobiernos locales y nacionales enfrentaban antes de la pandemia en relación con el turismo, y en particular con los cruceros, estaba relacionado con un fenómeno mundial y con el enorme aumento del turismo urbano y los viajes internacionales durante los últimos años. En muchos casos, podemos decir que los destinos turísticos más masivos son víctimas de su propio éxito. Durante los años anteriores a la pandemia se tomaron medidas más drásticas en las ciudades portuarias más visitadas. Un ejemplo famoso es el caso de Dubrovnik, donde la autoridad portuaria tomó la decisión de limitar la cantidad de cruceros y pasajeros cuyo ingreso y desembarco se permitía. Otro enfoque tiene que ver con aumentar el llamado "impuesto turístico” para compensar los costos ocultos de la actividad. Este ha sido el camino que están tomando ciudades como Ámsterdam o Venecia. En el caso holandés, los pasajeros de cruceros en tránsito deben pagar desde 2019 una tarifa adicional de 8 euros. Esta medida ya produjo ese mismo año una disminución del 40…

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